domingo, 17 de marzo de 2013

Me siento Culkinesco y creo que volví a nacer.

El jardín Trulalá se encuentra pasando el ascensor que está al final de la galería Manhattanesca. Antes de llegar, Butch, el niño, no te deja comprar cerveza si no le das cambio. Hacía mucho que no venía, pero el recuerda que nunca tengo cambio, y no le hace gracia. En mi jardín me recuerdan, y también recuerdan la última vez que visité. Puedo verlos a todos. Pequeño V-Boy. Pequeña Sebaz. Todos volvemos a nacer en Trulalá. Y nunca lo abandonamos de verdad. Rose, la magical negro, sabe eso. De a momentos soy un niño, de a momentos un adolescente y ocasionalmente un adulto. Justo como la vida real.

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