viernes, 26 de abril de 2013

Julieta Martínez, el Cólera de Ema Amuart

Estábamos en un mini, con la gente de teatro. Germaine jugaba al pool. Toda la noche mientras estábamos en clase, Oscar me había contado sobre como tenía que dejarme ir. Como tenía que dejar de esperar que las cosas fuesen de una forma, y en vez de eso aceptar. Antes, cuando aún era de noche, habíamos pasado una clase en el parque. Nos fuimos porque alguien le dijo a Oscar que ne esa zona había muchísimos robos. Y mientras íbamos de mini en mini me crucé con Brodo. Brodo solo trataba de comprar algo y no tenía dinero. Le faltaban 20 pesos. Yo lo quería ayudar, en la billetera tenía bocha de guita, pero cada vez que sacaba un billete, terminaba siendo de 22 pesos. O 6 pesos. Truchadas totales. No me las aceptaban. Fuimos a mas de un kiosko. En uno de ellos, el kioskero se parecía demasiado a mí. Un yo alargado, enojado, una imagen que no me gustó un carajo. Later, cuando estamos en el mini en el que Germaine juega al pool las compañías cambiaron, en algún lugar se que anda Farmgal, visitante recurrente de mi lado del Chortex y por una ventana se asoma Julieta Martinez. Está en cualquiera. Tiene cara de heroinómana. Le habla a alguien que no la ve y se va a caminar por el parque. Hacia una fuente. Cuando llega a la base de esta se desmaya. Se cae en el agua. Yo salgo a ver que le pasó. No se cuanto por querer ayudarla de verdad. No se cuanto porque me hace ver bien. No se cuanto por celar a otras chicas. Pero voy. Ya es de día, hace un día precioso en el parque. Inicialmente me equivoco de camino y me termino cruzando con un yonqui de parque. Es un pesado, se pone a hablar de cosas que me chupan un huevo, yo quiero encontrar a Julieta. Eventualmente me empieza a pedir cigarrillos y le digo que no fumo, y que me deje en paz. Que ahora no puedo. El tipo se muestra dentro de todo comprensivo, pero aún así me pregunta si tengo faso. Y le digo que no. Me pregunta si no fumo faso, y le digo que no tengo ahora. Mientras backtrackeo y me meto por el camino que si era hay unos turistas ingleses que hablan boludeces del parque. Cuando la encuentro tiene la boca casi sumergida en el agua, pero pareciese que aún respira. Esta tirada cerca de la base de la fuente, donde hay unos bafles de sonido que medio que se quedan, medio que flotan, y no parecen hacer nada conciso. La saco muy mal, por las piernas, y por segundos la cabeza se le hunde en el agua. Apenas la saco y la tomo en brazos, el agua que le había entrado se le desliza por la comisura de los labios, y ella despierta. Despierta y desespera, enloquece. Está ida. Está totalmente animal. Se quiere alejar de mí y grita por qués. Yo trato de que se calme. Quiero saber que le pasa. Ella está horriblemente triste, y frenética. Piensa que nadie puede ayudarla. En algún punto en la conversación patea los bafles sin querer porque su accionar es el de una drogadicta efusiva. Y en algún otro punto yo uso su laptop, que, ella misma me dice, está tan en cualquiera como ella y es cierto. Activo un programa para grabar y ella me dice que no grabe como un hipster. Yo le digo que ni lo pensaba, que sé que su pc está hasta la chota, pero en realidad si lo pensaba, la arreglé en el momento. Hay unas tomas de corriente que salen del un borde de la fuente. Cables eléctricos que hacen chispas. Julieta dirige sus brazos a ellos. Quiere electrocutarse y lo hace, de a descargas no letales, pero ciertamente sobrantes en dolor y tortuosidad. Quiere electrocutarse mientras me grita inhumanamente que eso la va a calmar. Yo desesperando trato de sostenerla contra mí, cada vez la quiero mas. Y ella quiere, ella arremete a electrocutarse. "¡Pará sacada! ¡Nos vas a matar a los dos!", "No importa, porque me va a hacer sentir mejor." Le pregunto que le pasa, y ella me grita, el llanto casi le saca los ojos de las cuencas cuando me grita que ni una sola persona le cree. Cuando le pregunto que es lo que no le creen, ella se desploma en mis brazos y me dice que no puede contarme eso. Ya sabía. Eso lo había presentido. Ni una persona le creía, y eso la había hecho de ella una oda a la autodestrucción que a primera vista es caricaturesca, pero con toda esa oscuridad pasa solo a ser trágica. La esencia de Ema. La esencia de Ema. Ella pregunta si los chicos la están pasando bien en el mini. Y la voz de Cristian se oye. Si. Seguro que la están pasando bien.

martes, 16 de abril de 2013

Effy

Nos habíamos quedado de campamento en un lugar, un pueblo cercano y yo la estaba jugando a lo MGS3. The Boss había tirado una escena nueva en medio de la fauna y yo terminé encontrando una nueva zona. Un pozo lleno de militares en el cual me habían sacado todos mis powerups y Snake estaba muy gordo porque había pasado mucho tiempo desde que lo había jugado, así que la barra de vida estaba al mango. Traté de pasarlo, pero no podía ni seleccionar bien mi arma y ya me habían visto, lo único que tenía seleccionado era un arma a presión que disparaba piojos, eso solo los tildaba un segundo. Así que me zambullí y caí en una cama con un cadáver en la que no llegué a ocultarme. Y luego bajo un escritorio, frente a la vedetina de Shannon, que lamí. En algún momento perdí la misión y desperté en un descampado. Resacoso por la fiesta anterior. Anoche había llovido y el lugar donde estaba nuestra cabaña se había inundado. Llegué a una cabaña que creo que era de mi viejo. Tenía marionetas de dinosaurios colgando. Allí Effy se ofreció a guiarme a mis pertenencias. Caminamos hasta la parte donde iniciaba el diluvio y nos zambullimos en el agua. La primera cabaña en la que nos detuvimos fue la de Roderick. Roderick no quería prestarme una malla porque decía que ya me había prestado algo y no se lo había devuelto. Yo le dije "nuestra relación va a ser así roderick" Con una sonrisa y nos reímos. Effy iguió nadando hasta que nos llevó a la parte inferior de la autopista diluviada. Donde tuvo que prestar atención para elegir el carril correcto y no mandarnos por cualquier lado. Pero cuando nos aproximábamos a mi cabaña. El Episodio denotó su centricidad de Effy Y vi en un flashback de cámara lenta y mucha luminosidad como ella caminaba lentamente en el depto y encontraba lo que había venido a buscar. Un dogma, un libro budista que un sabio me había dado. Ella se dejó caer sobre el suelo y gozó de tener el libro mientras Sparkie, que había quedado ciego y sin olfato (y había recuperado su bigote) me reconoció cuando lo llamé y me lamió muy amistosamente. Luego desperté dentro del sueño, en la cabaña de mi padre y me lamenté por que lo anterior no hubiese sido real, pues había sido una aventura en la que había tomado la actitud ideal y necesaria. Y luego desperté de verdad. Y no se como sentirme respecto a eso.